jueves, 27 de octubre de 2011

Stekelenburg no se entera

Mi escasa (y mediocre) experiencia como defensa central me ha dejado claras dos máximas que siempre hay que cumplir en la retaguardia de un equipo de fútbol. La primera es la típica, pero no menos cierta, de "o pasa el balón o pasa el rival, nunca ambos" que tantas tarjetas me ha costado. La segunda, más importante aún, es que el que manda ahí atrás es el portero. Es él quien tiene la mejor visión del campo, quien puede darse cuenta de los fallos de colocación, quien advierte antes que nadie que tal o cual rival se ha quedado desmarcado. Por eso, es imprescindible que haya muy buena comunicación entre zaga y guardameta. Al portero se le tiene que oír, su voz tiene que tronar, firme, potente y autoritaria, de uno a otro lateral.

La Roma, después de años de rebuscar en el Nuevo Mundo sin darse cuenta de que en aquellas tierras son muy hábiles con los pies pero muy poco con las manos, este año parecía haber hecho las cosas con criterio al contratar a Maarten Stekelenburg. Hombre de apellido impronunciable, grandote, fuerte, seguro, sobrio. El clásico guardameta europeo. Uno de los mejores, además: titular indiscutible en la selección holandesa post-Van der Sar que ha llegado ni más ni menos que al subcampeonato del mundo. Desde el principio Steke ha demostrado su valía, y en Trigoria están encantados con él: vale los seis millones de euros que costó traérselo del Ajax.

Sin embargo, la línea de meta de la portería giallorossa no está siendo todo lo segura que a los ultras del Olímpico les gustaría. De momento la estadística no es demasiado mala (ocho goles en contra, uno por partido), pero llama la atención que algunos de esos goles han sido debidos a despistes, a descoordinaciones entre jugadores. Particularmente sangrantes han sido las dos últimas derrotas, la de ayer en Génova y la de hace dos jornadas en el derby, ya que los goles que firmaban ambos 2-1 llegaron en el último minuto.

¿A qué se debe este rendimiento irregular de la primera línea romanista? Hay varios factores. Uno de ellos, la dudosa eficacia de algunos jugadores como Heinze, a quienes extrañamente la afición y buena parte de la prensa colman de elogios. Otro puede ser alguna de las extrañísimas decisiones tácticas de Luis Enrique, como colocar al eficaz mediocentro Simone Perrotta en el lateral derecho. Y otro es el que veníamos comentando de la falta de comunicación, que de paso justifica el título del artículo. Porque el bueno de Maarten, de verdad, no se entera.



No porque el chico sea torpe o lento de entendederas. Es una simple cuestión cultural. Maarten, natural de Haarlem (el original, con dos A, no la copia chunga neoyorquina) se crió en las categorías inferiores del Ajax y desde que dio el salto al primer equipo no había conocido más camiseta que la rojiblanca. Domina perfectamente su holandés nativo, el inglés como casi todos sus compatriotas, y de paso el alemán, que se parece mucho. De italiano, ni papa. Y de castellano, la lengua de facto del vestuario con el entrenador y la colonia hispanosudamericana de jugadores que lo ha invadido, menos aún.

Steke está tomando clases aceleradas, y mal que bien se va apañando. Pero aún tiene que sobrevivir en la lengua de Shakespeare, porque con los otros idiomas que controla no hay dios que le entienda a este lado del Rin. Y ya se sabe lo talentosos que somos los hispanohablantes para otros idiomas en general y el inglés en particular. Por el bien de la portería romanista, esperemos que tenga un profesor competente...

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